Columna de Economía: "Ahorrar con objetivos"
En una nueva edición de la columna de economía, junto al asesor financiero Matías Gordo, abordamos este tema para ayudar a alcanzar proyectos personales.
Jueves 30 de julio 2026 | 15:45 Hs.
En un contexto económico donde los ingresos y los precios pueden variar de manera constante, ahorrar puede parecer un desafío difícil. Sin embargo, establecer objetivos concretos y diseñar un plan para alcanzarlos permite transformar metas que parecen lejanas en proyectos posibles.
Viajar, cambiar el auto, comprar un lote o comenzar la construcción de una vivienda son algunos de los objetivos que muchas personas se plantean a mediano y largo plazo. La clave está en definir con claridad qué se quiere conseguir, cuánto dinero se necesita y en qué plazo se pretende alcanzar la meta.
Una de las primeras recomendaciones es separar el ahorro destinado a un objetivo específico del dinero utilizado para los gastos cotidianos. De esta manera, cada aporte realizado tiene un propósito concreto y permite medir los avances. Incluso cuando la capacidad de ahorro es limitada, mantener la constancia puede ser más importante que comenzar con grandes sumas.
El primer paso consiste en establecer una meta realista. No es lo mismo ahorrar para un viaje dentro de un año que reunir el dinero necesario para comprar un lote o construir una casa. Cada proyecto requiere distintos plazos y estrategias, por lo que resulta fundamental dividir el objetivo final en pequeñas metas intermedias.
Por ejemplo, quien busca cambiar el auto puede calcular cuánto dinero necesita reunir para completar la diferencia entre su vehículo actual y uno nuevo. En el caso de un viaje, puede establecerse un presupuesto que contemple transporte, alojamiento y gastos durante la estadía. Para acceder a un terreno o avanzar en la construcción de una vivienda, el objetivo puede dividirse en etapas: primero alcanzar el monto necesario para el lote y luego planificar la compra de materiales o la contratación de mano de obra.
En Argentina, además, resulta importante contemplar el efecto de la inflación sobre el poder adquisitivo. Por eso, para objetivos de mediano y largo plazo, puede ser conveniente revisar periódicamente el monto que se necesita alcanzar y adaptar el ritmo de ahorro a la evolución de los precios.
La planificación también permite evitar que el ahorro dependa únicamente de lo que queda disponible a fin de mes. Definir un monto o porcentaje de los ingresos para destinar al objetivo elegido ayuda a generar un hábito y a sostener el esfuerzo en el tiempo.
En definitiva, transformar un deseo en un objetivo concreto permite ordenar las finanzas personales y visualizar un camino posible. La meta puede ser un viaje, un auto, un terreno o una vivienda, pero el principio es el mismo: establecer cuánto se necesita, fijar un plazo, dividir el objetivo en etapas y sostener un plan de ahorro acorde a las posibilidades de cada persona.
Más que pensar únicamente en cuánto dinero se puede ahorrar hoy, planificar por objetivos permite preguntarse qué se quiere alcanzar y qué pasos concretos se pueden dar para llegar hasta allí.
Viajar, cambiar el auto, comprar un lote o comenzar la construcción de una vivienda son algunos de los objetivos que muchas personas se plantean a mediano y largo plazo. La clave está en definir con claridad qué se quiere conseguir, cuánto dinero se necesita y en qué plazo se pretende alcanzar la meta.
Una de las primeras recomendaciones es separar el ahorro destinado a un objetivo específico del dinero utilizado para los gastos cotidianos. De esta manera, cada aporte realizado tiene un propósito concreto y permite medir los avances. Incluso cuando la capacidad de ahorro es limitada, mantener la constancia puede ser más importante que comenzar con grandes sumas.
El primer paso consiste en establecer una meta realista. No es lo mismo ahorrar para un viaje dentro de un año que reunir el dinero necesario para comprar un lote o construir una casa. Cada proyecto requiere distintos plazos y estrategias, por lo que resulta fundamental dividir el objetivo final en pequeñas metas intermedias.
Por ejemplo, quien busca cambiar el auto puede calcular cuánto dinero necesita reunir para completar la diferencia entre su vehículo actual y uno nuevo. En el caso de un viaje, puede establecerse un presupuesto que contemple transporte, alojamiento y gastos durante la estadía. Para acceder a un terreno o avanzar en la construcción de una vivienda, el objetivo puede dividirse en etapas: primero alcanzar el monto necesario para el lote y luego planificar la compra de materiales o la contratación de mano de obra.
En Argentina, además, resulta importante contemplar el efecto de la inflación sobre el poder adquisitivo. Por eso, para objetivos de mediano y largo plazo, puede ser conveniente revisar periódicamente el monto que se necesita alcanzar y adaptar el ritmo de ahorro a la evolución de los precios.
La planificación también permite evitar que el ahorro dependa únicamente de lo que queda disponible a fin de mes. Definir un monto o porcentaje de los ingresos para destinar al objetivo elegido ayuda a generar un hábito y a sostener el esfuerzo en el tiempo.
En definitiva, transformar un deseo en un objetivo concreto permite ordenar las finanzas personales y visualizar un camino posible. La meta puede ser un viaje, un auto, un terreno o una vivienda, pero el principio es el mismo: establecer cuánto se necesita, fijar un plazo, dividir el objetivo en etapas y sostener un plan de ahorro acorde a las posibilidades de cada persona.
Más que pensar únicamente en cuánto dinero se puede ahorrar hoy, planificar por objetivos permite preguntarse qué se quiere alcanzar y qué pasos concretos se pueden dar para llegar hasta allí.
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