Bezza
Bezza

Columna de Psicología: Redes sociales, ¿conexión o una forma de evitar lo que sentimos?

El psicólogo Lucas Martínez analizó el uso cotidiano de las redes sociales y planteó la importancia de preguntarnos para qué las utilizamos. Más allá del tiempo que pasamos frente a la pantalla, el foco está en identificar si ingresamos para conectarnos con algo significativo o como una manera de evitar emociones como la ansiedad, el aburrimiento, la frustración o la soledad.
Salud Miércoles, 16 de septiembre de 2026
En una nueva edición de la columna de psicología de Radiocanal, el psicólogo Lucas Martínez abordó el vínculo que las personas mantienen actualmente con las redes sociales y propuso una pregunta sencilla pero significativa: ¿para qué entramos a una red social cada vez que tomamos el celular?

Según explicó, las redes pueden cumplir diferentes funciones. Una de ellas puede estar relacionada con la conexión con otras personas o con actividades importantes para nosotros. Por ejemplo, escribirle a un amigo para saber cómo está, comunicarnos con alguien o buscar información específica. Sin embargo, la misma conducta puede tener una función completamente diferente cuando se utiliza para escapar de una emoción desagradable.

“Hay que hacer una diferenciación de cuando yo entro a la red social para algo que para mí es importante, que me conecta con un valor, y otra cosa es decir ‘estoy aburrido, entonces le voy a escribir a un amigo para no sentir este aburrimiento’”, explicó Martínez.

En este sentido, el profesional señaló que la conducta puede ser exactamente la misma, pero lo que cambia es la función que cumple. Esta diferencia resulta central desde el enfoque de la terapia de aceptación y compromiso, desde el cual trabaja el psicólogo.

Cuando las redes se convierten en evitación

Martínez explicó el concepto de evitación experiencial, que refiere a los intentos que realizan las personas para eliminar, reprimir o luchar contra determinadas emociones o pensamientos que generan malestar.

Las redes sociales pueden convertirse en una herramienta de ese mecanismo. Por ejemplo, una persona que siente ansiedad porque debe rendir un examen puede tomar el celular y comenzar a revisar redes sociales cada vez que aparece esa sensación incómoda. En ese momento, la ansiedad puede disminuir, pero el problema que generaba esa emoción continúa presente.

Según explicó, esto puede convertirse en un patrón: cada vez que aparece ansiedad, aburrimiento, frustración, soledad o un pensamiento difícil, la persona recurre automáticamente al celular.

“Funciona a corto plazo”, señaló Martínez, aunque advirtió que la dificultad aparece a largo plazo, porque el cerebro aprende que evitar es la manera más rápida de reducir el malestar.

De esta manera, lo que inicialmente puede parecer una distracción ocasional puede transformarse en un hábito que termina alejando a la persona de aquello que considera importante. En el ejemplo del estudio, cada interrupción para revisar el celular puede significar menos tiempo dedicado a una actividad que resulta necesaria para alcanzar un objetivo.

La gratificación inmediata

Durante la charla también se puso el foco en otra característica de las redes sociales: la posibilidad de obtener una gratificación prácticamente inmediata con muy poco esfuerzo.

Pasar de un video a otro, revisar una publicación, mirar qué compartieron otras personas o comenzar a recorrer contenido puede generar una sucesión constante de estímulos. El problema, según explicó Martínez, aparece cuando esta dinámica genera una especie de “cortocircuito” entre el esfuerzo necesario para alcanzar algo y la gratificación que obtenemos.

En lugar de atravesar el aburrimiento, la frustración o la dificultad de una determinada actividad, el celular ofrece una alternativa inmediata y accesible.

Además, la gran cantidad de información disponible y la rapidez con la que se consume contenido pueden facilitar todavía más la distracción y hacer que perdamos la noción del tiempo.

Una pregunta antes de abrir una red social

Frente a esta situación, Martínez propuso incorporar una práctica sencilla: preguntarnos para qué vamos a entrar a una red social antes de hacerlo.

La idea es identificar si existe un objetivo concreto detrás de la acción: comunicarnos con alguien, buscar determinada información, realizar una compra o ver algo que realmente nos interesa y que se relaciona con nuestros valores y objetivos.

Pero también preguntarnos si, en realidad, estamos entrando para evitar algo que estamos sintiendo.

“¿Estoy entrando porque realmente quiero ver algo específicamente que es importante para mí o estoy entrando porque quiero sacarme de encima algún malestar que estoy sintiendo en este momento?”, planteó.

La propuesta no apunta necesariamente a dejar de utilizar las redes sociales, sino a hacer más consciente el uso que hacemos de ellas y reconocer qué función están cumpliendo en nuestra vida cotidiana.

Porque, como remarcó el psicólogo, emociones como el aburrimiento, la ansiedad, la frustración, la vergüenza o la soledad forman parte de la experiencia humana. Aprender a reconocerlas y atravesarlas, en lugar de intentar evitarlas automáticamente, también puede ser parte del proceso de construir la vida que queremos tener.
Demo