Nacionales | Sociales 18/08/2019  17:30 hs.

Eran dos, pasaron a ser seis: la conmovedora historia de la pareja que después de años de lucha logró adoptar a cuatro hermanitos

 

Carmina y Alberto Rossi no podían tener hijos biológicos y decidieron recorrer el intrincado camino de la adopción de niños en la Argentina. Los desafíos y las dificultades para quienes, con mucho amor, desean formar una familia pese a cualquier obstáculo.


Siempre soñaron con ser padres. Pero pese a sus intentos Carmina y Alberto Rossi no podían tener hijos de manera biológica. Fue entonces que decidieron transitar un camino duro en la Argentina: el de la adopción. Hacían trámites, presentaban papeles, iban detrás de datos y juzgados donde les decían que sí, que quizá, que tal vez.

En ese largo -y por momentos tortuoso- ir y venir, alguien les contó que tendrían mejor suerte si intentaban con una adopción múltiple. Así se cruzaron con la historia de cuatro hermanitos que vivían en un hogar: la más grande tenía seis años y el más chiquito apenas uno. No lo dudaron y empezaron a hacer todo para adoptarlos. Pero otra vez se enfrentaron a un camino con obstáculos. Sin embargo, después de un proceso que les llevó alrededor de tres años, finalmente lo lograron. Y sorprendidos pero felices, de la noche a la mañana pasaron de ser dos a conformar una familia ser seis.

"Ser mamá me cambió todo, fue el día y la noche. Yo vivía para mí y para mi marido y de repente pasás a vivir para mucha gente más, organizarte, saber que de un momento para otro te pueden surgir un montón de problemas, un montón de necesidades. Y bueno, qué sé yo. También hay mucha alegría que viene", cuenta emocionada Carmina a Infobae, quien también asegura que una vez que tuvo a sus hijos en casa debió enfrentar nuevos inconvenientes.

Según cuenta la pareja, luego de formar la numerosa familia  se encontraron con otra serie de dificultades. Por ejemplo, la licencia por maternidad para Carmina, dado que legislación no contempla los casos de madres adoptivas y múltiples. Ademas, debieron sortear situaciones de discriminación: en algunos colegios no conseguían vacante para los chicos y las autoridades les daban excusas insólitas. Fueron noches de sin saber qué hacer, de llorar y sobre todo de no entender semejante crueldad.

MAMÁ POR CUATRO

—¿Cuándo empezaste a soñar con adoptar, Carmina?


—El proceso se dio cuando veíamos que pasaba el tiempo y no podíamos ser padres. Analizamos hacer tratamiento y pensamos en adoptar porque el medio por el cual pudiéramos ser padres no importaba, lo que importaba era poder ser padres. La verdad es que habiendo chicos que realmente no tienen padres y que ya están en este mundo bueno nos impactaba, creíamos poder cumplir ese rol.

—¿Cuál fue la primera traba que encontraste en la adopción?

—La primera era que mucha información no había. Entonces, de repente, para saber cómo comenzar los trámites había que googlear, había que buscar, que investigar, que llamar. Y llamabas a un lugar y te decían "no, nosotros no nos dedicamos más, llamá a tal otro lugar". Llamábamos a otro lugar y "no, acá ya no es más, llamá a otro lugar". Cuando averiguamos los trámites que había que hacer los empezamos sabíamos que era largo. Y sabíamos que adoptar. También pensábamos que adoptar a uno solo no tenía mucho sentido si queríamos tener más de un hijo.

—¿Cuanto tardó el proceso de adopción?

—Para iniciar el proceso primero nos anotamos en el RUAGA (Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos) porque vivimos en Capital.  Los primeros dos años, nosotros habíamos pedido hasta tres hermanos. Pasaron dos años y no pasó nada. Recién a los tres años nos llamaron para adoptar cuatro hermanitos en provincia de Buenos Aires.

—¿Qué edades tenían?

— Los hermanitos eran uno de 1 año, otro de 2, una de 6 y uno de 4.

—¿Cómo fue el primer acercamiento?

— Ellos vinieron, se nos tiraron encima, nos mostraban cartitas. La más grande estaba más tímida que el resto. Los varones no conocen lo que es la timidez, el chiquitito era muy chiquitito, no hablaba todavía.  La primera salida fue un desastre: cuando bajaron del auto los chicos se escaparon en el estacionamiento. Entonces yo me acercaba caminando para agarrarlos de la mano y que no disparasen.

— ¿Cómo fue de pasar de ser dos personas a ser seis de la noche a la mañana?

— No teníamos nada para los chicos: no teníamos camas, no teníamos colchones, ropa, nada. El cuarto que teníamos disponible para los chicos estaba lleno de cosas. ¿Viste cuando vos tenés un cuarto vacío en tu casa y empezás a poner cosas ahí que no usás? Ese era. Igual los chicos re felices.

— ¿Tuvieron algún problema en la adaptación de tu casa?

—Para nada. Ellos no querían volver al hogar. No querían saber nada con el hogar. Querían quedarse en casa.

— ¿Cuándo te dijeron "mamá"?

— En la segunda salida ya. A la que más le costó fue a la más grande, que es lo lógico. El chiquito no decía mamá: no decía papá, no decía nada porque no hablaba. La necesidad de afecto que tenían era impresionante. Y también de atención. Es como que todos quieren llamar la atención y todos quieren ser el centro. La diferencia es que si vos tenés un hijo biológicamente tenés nueve meses para prepararte. Acá no tuve los nueve meses pero tuve dos años para prepararme psicológicamente. También lo que pasa es que durante los nueves meses vos ya sabés que vas a tener un bebé y vas comprando ropa, y vas comprando la cunita y demás. Acá no, fue todo de un saque y fueron cuatro. Eso, digamos, nos desestabilizó un poquitito.

— ¿Cómo te manejabas con el trabajo?

—En este país la Ley de Trabajo no contempla la adopción, entonces yo no tenía licencia. Y necesitaba licencia, no podía poner cuatro chicos en casa e irme. Lo que pedí fue un mes y le pedí al gerente de recursos humanos si podía ser con goce de haberes mejor porque lo iba a necesitar. Tenía un mes y en ese mes había que ver qué iban a hacer los chicos en febrero, no tenían documento, no tenían colegio, no tenían nada. El primer mes yo sentía que me volvía loca porque estaba encerrada con los cuatro, no podía ni ir al baño porque se mataban, porque no estaban ni acostumbrados a estar juntos. Un hogar es un sálvese quien pueda. La mayoría de los chicos que termina ahí por lo general vienen de casos de violencia y en muchos casos copian lo que ven.

—¿En algún momento te asustó ser madre de cuatro de a golpe?

—Y sí, pero bueno, ya está, estaba en el agua y había que nadar.Por lo general los chicos que están dentro de este proceso tienen problemas de conducta porque lo que vivieron no es fácil y la verdad es que es muy difícil insertarlos en la sociedad.

— ¿Por qué?

—Porque discriminan un montón en todos lados. Por ejemplo, los colegios y las vacantes. Nosotros al principio no queríamos ni ir a comer porque era un chiquero lo que dejaban los chicos comiendo. Había que estar todo el tiempo atrás de ellos. Me angustia el tema de la discriminación que hay. Conmigo que hagan lo que quieran, pero con los chicos no. En el jardín maternal a uno de los chicos no lo dejaron seguir. Porque pegaba e insultaba le acortaron la jornada. A una mama adoptiva le cuestionan todo, a una mama biológica no le preguntan nada.

—¿Qué te da orgullo de vos?

—Cómo peleo por ellos. Por más que los demás piensen que estoy loca, yo lo que siento es orgullo. Los chicos van a colegio privado ahora, conseguí la vacante y me llevó recorrer muchos colegios privados hasta que me la dieron. También pasé por mucha desilusión: yo soy católica y en una parroquia, cuando los quise bautizar, me objetaron el tema de la edad, por qué los bautizaba tan grandes. Entonces cambié de parroquia, obviamente los bauticé en otra. Y bueno, mantenerme constante en todo eso y seguir a pesar de que me objeten cosas y seguir adelante, y seguir con los tratamientos. Y bueno, y después el tema de, que no me importa, de que discrimina un médico no importa, buscamos otro, discrimina un sacerdote bueno, buscamos otro, discrimina un colegio católico muy bien, buscamos otro, pero de ninguna manera nos quedamos donde nos rechazan.

ORGULLO DE PAPÁ

—¿Cómo te cambió ser papá, Alberto?


— Creo que en el hecho de incorporar nuevos amores. Antes tenía uno, ahora son cinco. Así que es un cambio tenés más amor para repartir.

—¿Te imaginaste una vida así?

— No. No particularmente esto. Uno siempre tiene expectativas de vida, expectativas de familia. Uno viene de una familia constituida de una manera y obviamente que su visión está enfocada en esa parte, la que uno vivió.

— ¿Y cuándo te dijeron "cuatro hermanos" vos qué dijiste, te asustaste?

—Veníamos preparados mentalmente por todo lo que habíamos pasado. De hecho, veníamos buscando y, bueno, veníamos preparándonos para eso. Cuando dijeron cuatro no me asusté. En el momento, si bien yo hacía sido un poco más reticente, lo acepté. Después, viéndolo y viviéndolo, es lo más lindo que nos pudo haber pasado el hecho de que sean cuatro.

— ¿Y lo más difícil de la adopción?

— Lo más difícil es remar contra la sociedad. Porque para mí son mis hijos, los siento como tales, es la familia. Pero en la sociedad es como que alguien "es adoptado" y es distinto. Entonces, lo más difícil es remar y que la gente entienda que soy el padre de los chicos y que los chicos son mis hijos, son mis hijos. Pero varios insisten en decir que "son adoptados".

— ¿Dónde lo notaste?

— En las escuelas. Ponían objeciones, objetaban el tema de la conducta de los chicos, cuando cada uno tiene su problema que tiene que ser atendido, en distintas circunstancias. Son chicos, son chicos chiquitos. Hay que darles oportunidad de ir creciendo en un conjunto de pares. Y eso es lo que no conseguíamos. Nos reducían el horario de ellos o nos llamaban a cada rato. Estás a 10 kilómetros y te dicen: "Vení urgente, tenés que estar acá". Te dicen que llaman al SAME si hace algún despelote, que no lo pueden controlar o que llaman a la policía, y eso me consta porque lo he vivido. Son circunstancias difíciles pero no con los chicos, el problema es con los adultos, con la sociedad. Esa es la problemática y lo difícil que nos cuesta a nosotros ir enfrentando día a día.

—¿Qué aprendiste de ser papá?

— Obviamente la responsabilidad: los quiero como mis hijos y doy lo que sea por mis hijos. Uno aprende todos los días por los problemas que puede tener el nene, puede aprender día a día el hecho de cómo solucionárselos, de estar al lado de ellos. Ellos requieren mucho afecto y trato de dárselos. Para mí fue lo más el hecho de tener cuatro criaturas, de poder quererlas y amarlas.

Fuente: Infobae