Locales | Politicas 25/12/2017  22 hs.

POLITICA DE ENTRECASA: final de un año agitado para Llaryora

 

Por: Prof. Daniel Pastore

2017 ya empieza a ser historia en todos los aspectos, en el terreno político también y ha dejado secuelas que, seguramente, perfilarán lo que viene de cara al próximo año impar, que trae consigo la competencia por el poder real, es decir, los poderes ejecutivos a nivel municipal, provincial y nacional.

Fue éste un año intenso para el mundillo político de San Francisco y la Región, es especial para el esquema de Unión por Córdoba.


La elección para renovar nueve diputados nacionales en Córdoba tuvo al principal dirigente sanfrancisqueño, Martín Llaryora, compitiendo como figura relevante de UPC y eso le dio un tono especial a una elección que, habitualmente, no despierta gran interés.

Fue “un toro” –como dicen en teatro cuando hay que reemplazar de urgencia a una figura-. Ese lugar le correspondía naturalmente a De la Sota, pero declinó y Schiaretti le pidió a Llaryora que asuma esa responsabilidad.

Fue triunfo de Cambiemos en casi todo el país, también en Córdoba. Llaryora logró parar la “ola amarilla” en San Francisco y San Justo. Eso le permitió capear el temporal provincial y mantener su espacio de liderazgo regional.

Las dos campañas electorales de este año – PASO y generales- lo pusieron también en el selecto grupo de los tres o cuatro dirigentes de toda la provincia que son conocidos por más del 75% de los cordobeses. En política eso es un capital importante. Claro, ser conocido puede ser bueno o mal, según el perfil de las decisiones que se vayan tomando y las repercusiones que las mismas tengan.

La toma de decisiones en todos los niveles implica, entre otras cosas, un cálculo de costos y beneficios.

Los hacemos a cada instante en nuestras vidas.

En la actividad política también, solo que con una gran repercusión pública y la consiguiente exposición a la crítica.

Llaryora asumió como Diputado Nacional cuando se discuten a nivel país las Reformas que Macri impulsa después del contundente respaldo electoral de las pasadas elecciones.

En ese contexto el Presidente consensuó con los gobernadores un Pacto Fiscal que garantiza recursos a las provincias pero les exigió a cambio apoyo legislativo para sus reformas. Una negociación clásica: te doy, me das.

Llaryora, que sigue siendo vice gobernador de la provincia, tiene una relación estrecha con Schiaretti. Logró enormes inversiones en obra pública para la ciudad y Schiaretti le pidió que deje la comodidad de la vice gobernación para encabezar una pelea electoral que tenía destino incierto. Otra negociación lisa y llana: te doy obras y vos sacas la cara por mí en la elección.

Con este cuadro de relación política llega Llaryora al Congreso de la Nación.

La negociación de Macri con los gobernadores, por ende con Schiaretti, lo puso en situación de cumplir la promesa del cordobés para con el presidente y apoyar las Reformas, entre ellas la antipática reforma previsional.

Otra vez una decisión difícil. Otra vez el cálculo de costos beneficios.

Es difícil que a algún legislador le resulte simpático votar un nuevo cálculo de aumentos para jubilados que, en primera instancia, los perjudica. A Llaryora tampoco.

La situación lo incomodó en extremo. Evaluó las opciones que, en términos políticos eran romper con Schiaretti, por ende con Macri y con ello perder toda influencia entre quienes toman decisiones de obras y servicios para la ciudad y la región o mantenerse dentro del esquema de poder al cual tanto le costó llegar.

También se preguntó hasta último momento si inmolarse políticamente y votar contra la nueva y confusa fórmula significaba que la misma no fuera aprobada, en cuyo caso, dicen sus colaboradores, sin dudas hubiera repensado su decisión. Pero eso no ocurría, calculó que su voto no hacía la diferencia y la reforma salía igual.

Dudó hasta los últimos instantes pero la seguridad de que su voto no era definitivo y la posibilidad de quedar del lado del kirchnerismo, por demás antipopular en Córdoba, lo terminaron decidiendo por el apoyo a la reforma previsional.

Sus opositores lugareños y provinciales no dudan en achacarle una especie de “traición” como si el mentor de la Reforma fuera el propio Llaryora o como si su voto hubiera sido determinante.

Desde el kirchnerismo las críticas son lógicas, comprensibles. Ahora, es raro ver a dirigentes de Cambiemos criticar a Llaryora cuando fueron ellos quienes pusieron en el poder a Macri, el autor de las Reformas.

Llaryora aprieta lo dientes, soporta las críticas y explica a sus seguidores, que mantenerse dentro del esquema de poder nacional y provincial le permitió impulsar modificaciones a las leyes, entre ellas, por ejemplo, sacar del impuesto de las ganancias a Mutuales y Cooperativas, algo que le agradece el movimiento mutualista, muy influyente en la región.

También les explica que mantenerse dentro del esquema de poder nacional y provincial le permitirá seguir siendo un interlocutor válido, con influencia, para vehiculizar los reclamos  de obras y servicios de la ciudad y la Región.

También les explica que mantenerse dentro del esquema de poder nacional y provincial le genera condiciones políticas para que, en 2019, cuando haya elecciones municipales, pueda intentar establecer una especie de “escudo” que lo defienda de un desembarco feroz de Cambiemos, el rival a temer por UPC en la provincia y la ciudad.

No está seguro de que pueda convencer a sus seguidores de que su cálculo fue el correcto. Es que eso solo el tiempo lo dirá.

En la ciudad, García Aresca, por la influencia que tiene la presencia de Llaryora, no sufrió la “lija” de su conductor ya que no participó de este debate.

Sin embargo, la interna de UPC local tiene movimientos.

Mariano Almada formó un grupo y genera actividades, por ahora, con perfil social. Nadie duda de la intencionalidad de posicionamiento político que hay detrás de estos movimientos.

Almada hace también un cálculo con plan A y B. Dice, empiezo el armado político y veo hasta donde llego al momento en que se tomen decisiones, allá por marzo-abril de 2019. Si crezco, voy por el premio mayor, sino, genero espacio para negociar y contengo un sector del peronismo que no está conforme con la conducción política del municipio que ejerce García Aresca. Ese cálculo también tiene como límite los que imponga Llaryora que, mientras tanto, lo habilitó a “jugar”.

El intendente por su parte confía en su gestión, está haciendo muchas obras y espera que los efectos se visualicen el 2018. Tiene una encuesta posterior a la aprobación de la reforma previsional realizada por Gustavo Córdoba que habla de una aprobación mayor al 60% y cree que las puede mejorar en el futuro inmediato.

Con eso espera conseguir consenso para ir por su reelección y contener el crecimiento de Almada.

Piensa que, en última instancia, Llaryora pondrá a cada cual en su lugar.

Hubo rumores de que García Aresca dejaría la intendencia para ir a un cargo en el Ejecutivo Provincial o de que mantiene diferencias con Llaryora.

Los que conocen la relación de ambos a fondo, consideran improbable ese escenario, lo ven a García Aresca decidido a cerrar una buena gestión y buscar su reelección y la historia de la relación con su jefe-amigo indica que, más allá de algunas diferencias operativas, no hay ni habrá espacios para rupturas.

En política, como en la vida, a cada instante tomamos decisiones y en ellas hay un cálculo de costos y beneficios, un pronóstico de lo que esas decisiones pueden implicar.
Claro, después la realidad da el veredicto.

Llaryora tomó dos decisiones importantísimas este año que se va: aceptó ser candidato a diputado nacional en una elección donde su partido fue derrotado y ahora apoyó una controvertida reforma previsional que lo expuso a fuertes críticas.

Un futuro no muy lejano le dará respuestas y ahí sabrá si su cálculo fue acertad o no y deberá lidiar con sus consecuencias.





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