Locales | Sociales 25/03/2020  11 hs.

Luis, aunque no me puedas leer, hoy te escribo

 

Mi querido Luis, hoy cumplirías 66 años. Aunque no creo en el “más allá”, voy a escribir estas líneas como si fuera una carta que pudieras leer.


En realidad, quiero que la lean la mayor cantidad de personas posibles para que conozcan algo de lo que, a mi juicio, significaste para ésta, nuestra ciudad por elección.

¿Te acordás cuando nos conocimos?

1982. Un amigo común te habló para que me recibieras. Nosotros publicábamos en esa época un periódico, El Pueblo de la Región se llamaba. Queríamos una nota y, si fuera posible, una publicidad.

Subí las escaleras del Edificio Pellegrini, al final del pasillo, sobre la calle 25 de Mayo había una pequeña oficina. UTEDYC decía el cartelito colgado en la puerta.

Paz, Pan y Trabajo rezaba un cartel colgado detrás de un modesto escritorio y la figura, con su inefable campera, de Saúl Ubaldini como figura central.

Habías tomado la posta del reclamo gremial en tiempo difíciles. Los militares todavía tenían algún poder  y aún no nos habían enviado a la guerra de Malvinas.

Hicimos la nota –no recuerdo si nos diste la publi-, pero lo más relevante fue la charla posterior. Eras un militante con una vocación tremenda por sumar participación a la lucha popular de la época y me invitaste a colaborar con “la causa”.

Desde aquel momento, la mayoría de las veces del mismo lado, otras como opositores, compartí casi todos los momentos de tu vida pública.

Horas y horas analizando con pasión la realidad que nos tocaba vivir para decidir acciones. No te gustaba solo hablar, te gustaba pasar a la acción, traducir el debate en hechos.

Te vi conducir el grupo sindical “renovador” de los ochenta.

Te vi pelear por la conducción de la CGT y lograrla. Te vi obtener de un intendente radical como Juan Ricardo Cornaglia la donación de la sede la CGT por calle Juna B Justo –hoy en estado de abandono-.

Te vi ganarte tu espacio como candidato gremial al senado provincial y acceder a esa banca en 1987.

Activo, presente en todos los debates públicos de la época había ideales que defendías que yo no terminaba de entender.

Eras gremialista pero hablabas del Medio Ambiente cuando pocos, muy pocos lo hacían y casi nadie comprendía lo adelantado, lo progresista de tu mirada.

Te vi luego actuando como Director de Acción Social y un área que era “menor” en el municipio se transformó en algo importante, presente, organizado.

Después te vi actuar como concejal oficialista. Recuerdo debates intensos con opositores de fuste intelectual como Guillermo González, Oscar Cornaglia, Gustavo Pistone, Daniel Ñañez, siempre sosteniendo los ideales del justicialismo pero abierto al debate y a la búsqueda de puntos intermedios. Eras, en ese sentido, un gran negociador.

Te vi luego de 1999 como concejal opositor. Tu presencia en los cargos públicos nunca pasaba desapercibida. Hacías honor al lugar donde estabas sea cual fuera la jerarquía del mismo.

Dejabas tu huella.

San Francisco tuvo en un momento un Relleno Sanitario Modelo porque vos lo concebiste e impulsaste su materialización.

Más de un plan de forestación te tuvo como mentor.

El FFCC era otra de tus obsesiones. Te vi trabajar para recuperarlo y para sostener el recuerdo de su importancia a través del Museo que hoy funciona en la Estación del Belgrano.

Después te tocó conducir el PAMI local, incluso llegaste a manejar el PAMI provincial y otra vez dejaste huella. No son pocos los que recuerda tu dedicación para atender a todos los que llegaban a tu escritorio, siempre abierto a los afiliados.

En épocas de vacas flacas, compartimos también el negocio de “los cyber”.

Podía pasar un tiempo sin que nos viésemos, pero cuando nos encontrábamos se encendían todos nuestros sentidos para hablar de lo que teníamos en común: la política.

Cuando me enteré de tu cáncer te llamé enseguida, casi no me dejaste hablar de la enfermedad porque tenías proyectos, tenías ideas que discutir y llevar adelante y eso nos ocupó la mayor parte de la charla.

La última vez que no mensajeamos te invité a tomar un café aprovechando mi “recreo” de las diez de la mañana.

Pasaste por el Canal a buscarme ya con las secuelas en tu cuerpo.

Fuimos a lo de “Coco”.

Recordamos primero nuestras infancias, vos en Balnearia, yo en Devoto y a partir de ahí el camino recorrido.

Te sentías orgulloso y yo reafirmaba que tenías motivos.

Desde el fondo de la pirámide social escalaste hasta lugares de privilegio te dije, luego bajaste al llano y mantuviste la dignidad. Eso es admirable Luis. Dejaste una huella imborrable en la Historia de San Francisco, fuiste pionero, fuiste vanguardia y fuiste honesto con tus ideales, con tus raíces, con tu familia –que adorabas-  y con tus vecinos.

Nuestros ojos se pusieron un poco vidriosos pero alcancé a decirte algo que pienso a menudo…nuestro desafío es ahora ser dignos a la hora de partir.

“No pienso irme pronto –me dijiste-, pero quiero morirme como viví…dando pelea”.

Cumpliste con creces.

No creo en el más allá, pero sí creo que las personas se transcienden a sí mismas en el recuerdo de los demás y ahí, ahora y por mucho tiempo, Luis Gaviglio vivís entre nosotros.


Daniel Pastore








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