Locales | Municipales 06/06/2020  13 hs.

Nos quedamos sin transporte público de pasajeros, buena oportunidad para repensarlo

 

Por: Daniel Pastore

Poco a poco, la agenda de discusión pública permite introducir algunos temas que no tengan que ver de modo directo con la pandemia.


Uno de ellos es el transporte urbano de pasajeros que, a partir de mayo, no tiene prestador en la ciudad.

Se trata de una crisis y, como tal, es una oportunidad para rediscutir su diseño considerando todos los factores e intereses que están en juego.

Se trata de un tema complejo por cierto, a tal punto que, en el país, los niveles de satisfacción con este sistema de transporte público son bajos, las crisis y los conflictos son recurrentes y solo funcionan con un fuerte componente de subsidios estatales.

Desde este espacio no tenemos prejuicios respecto de la intervención del estado mediante subsidios, por el contrario, correctamente utilizado, es una herramienta muy importante que tiene el Estado para restablecer aceptables parámetros de equidad allí donde no la hay.

Lo primero que nos tenemos que preguntar es quienes son los usuarios habituales del servicio y allí nos encontramos con tres grandes grupos: alumnos escolares que en su mayoría lo utilizan mediante el Boleto Educativo Gratuito (BEG) que consiste básicamente en un subsidio a los usuarios donde el Estado Provincial paga la utilización del transporte directamente a las empresas. Son aproximadamente 700 los usuarios en la ciudad. Otro grupo, menos numerosos, son los trabajadores que lo utilizan para llegar a sus lugares de trabajo y el tercero son las personas mayores, con una situación económica complicada, a los que el servicio de remises les puede resultar oneroso.

Para tener un parámetro, en mayo de 2019 se “cortaron” 33.000 boletos, utilizados por unas 900 personas de manera habitual.

También hay horarios. La simple observación permite darse cuenta que los picos se producen a la mañana en horario escolar y laboral y al mediodía.

¿Cómo funcionó el servicio de transporte urbano de pasajeros hasta mayo, momento en el que finalizó el contrato con los prestadores?

Subsidiado, como en todo el país.

La empresa aportaba los colectivos que, bueno es decirlo, por la antigüedad y el tamaño, prestaban un servicio criticable, provocaban una gran polución ambiental y eran un elemento más que complicaba el ya difícil tránsito de la ciudad.

En retribución, percibía el monto de los boletos cortados, a un valor de $20 por viaje; una subsidio municipal que en los últimos meses estuvo en el orden de los $700.000; un subsidio provincial al transporte; el monto del BEG que paga la provincia y el subsidio nacional al combustible.

El municipio específicamente, además de los $700.000 mensuales, paga los salarios de todos los trabajadores del sistema.

El hecho de que ya no haya empresa contratada en la ciudad, es decir que en los hechos no hay transporte urbano de pasajeros y que la “nueva normalidad” impondrá pautas también en estos servicios, es una crisis que, como tal, representa la oportunidad de repensar el servicio.

Se puede intentar seguir con el sistema actual, con todos lo déficit que mencionábamos o se puede intentar alternativas más económicas para el municipio, para los usuarios y para el medio ambiente.

En ese sentido, muchas ciudades promueven fuertemente la utilización de las bicicletas a pedal y también, en algunos lugares, las eléctricas.

Claro, para ello hay que adecuar la infraestructura urbana y dotarla de un circuito de bicicendas que permitan recorrer la ciudad de un punto a otro. No es fácil, pero tampoco imposible. De hecho se han publicado en la ciudad propuestas, proyectos y recorridos que pueden servir de base para habilitar la discusión.

No vamos a hacer acá un análisis profundo de los beneficios personales y sociales del uso de la bicicleta porque son evidentes, solo alguna enumeración: es económico, no genera polución, es saludable, va en el sentido de desincentivar el uso de automóviles y colectivos, etc., etc.

Por cierto que la utilización de la bicicleta no puede reemplazar por completo al servicio de transporte urbano de pasajero porque hay usuarios que no pueden acceder al mismo por una cuestión etárea o de condiciones de salud.

Pero el municipio podría pensar en primer lugar, en generar la infraestructura en la ciudad cada vez más amigable con la utilización de la bici, luego un programa de incentivos para quienes, siendo usuarios del transporte urbano de pasajero se pasen al uso de la bicicleta.

Es muy factible detectar las 1000 personas aproximadamente,  que son usuarios habituales del servicio de transporte urbano de pasajeros, de modo que se puede trabajar sobre ellos para promover esta política.

Por cierto que un número importante de ellos como los niños más pequeños que utilizan el BEG o los mayores con dificultades físicas no pueden utilizar esta solución.

Allí creemos que se podría generar un subsidio del municipio orientado hacia empresas de remises o transporte escolar locales donde el costo del viaje se reduzca para el usuario a valores razonables. Tendríamos aquí un programa de incentivos como el actual, pero que en lugar de derivarse a una sola empresa monopólica, se distribuiría en numerosos prestadores de servicios de transporte de pasajeros de nuestra ciudad.

Para los actuales trabajadores del servicio de transporte urbano, que son municipales, no faltarían destinos dentro de áreas de implementación de estas nuevas modalidades u otras áreas del gobierno municipal al menos en una primera etapa para no sumar desocupación en un momento tan difícil de la economía del país.

Insistimos en el concepto de crisis-oportunidad. Nos podemos quedar con algo parecido a lo que teníamos, deficitario, con numerosas quejas de los usuarios de las que fuimos receptores en Radiocanal, con altos niveles de polución, o nos podemos animar a pensar nuevas soluciones, más económicas, más saludables, más respetuosas del medio ambiente y aplicables a una ciudad como la nuestra que tiene una escala en la cual, con una moto, con una bicicleta o incluso a pie, no se hace imposible recorrerla de una punta a la otra.

No caben dudas que para las autoridades, lo más cómodo es seguir como estábamos, con ésta o con otra empresa y no meterse en un debate arduo y en la búsqueda de cambios.

Siempre es más cómodo quedarse con el status quo que promover cambios.


A pesar de ello, nos gusta pensar que nuestros funcionarios, oficialistas y opositores, tienen buena predisposición para discutir nuevas soluciones a viejos problemas de la ciudad.








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