Locales | Culturales 01/04/2020  18 hs.

Un poco de Historia: asesino genial

 

El pintor Richar Dadd, de la época victoriana pasó 42 años entre cuatro paredes luego de haber asesinado a su padre tras ser “poseído” por Osiris, dios egipcio. Allí, desarrolló sus mejores obras, como la deslumbrante “El golpe maestro del leñador-duende”, que inspiró a Queen para una canción


Durante la época victoriana asuntos como los asesinos seriales y lo sobrenatural solían acaparar la atención de los medios de comunicación y se convertían en divertimento de pobres y aristócratas. El caso del pintor Richard Dadd condensó ambas: fue un parricida y un artista de temática fantástica, etiquetado como uno más de los “pintores de hadas”, sino el más importante.

En un tiempo en que se creía que las hadas existían, Richard Dadd (1817- 1886) no era uno de los artistas más destacados de su tiempo. Ingresó joven a la Royal Academy of Arts y junto a Augustus Egg, William Powell Frith y Henry Nelson O’Neill fundó el grupo prerrealista The Clique (La Pandilla). Su obra era, entonces, una más. Hasta que una enfermedad mental lo llevaría a asesinar a su padre a hachazos para pasar confinado 42 años de su vida, en los que entre paredes acolchadas alcanzaría su máxima expresión.

Richard Dadd pintando
Richard Dadd pintando "Contradicción: Oberón y Titania", fotografiado por Henry Hering en 1856, en el psiquiátrico de Bedlam (Wikipedia: dominio público)
Sobre el arte victoriano


Durante la época victoriana (1837 a 1901), el Reino Unido sufrió una profunda transformación debido a la revolución industrial. Grandes movimientos migratorios comenzaron a abandonar los campos para instalarse en las ciudades, generando una nueva clase social, y la proliferación de periódicos propició espacios para historias que, hasta ese momento, eran más propias del boca en boca, de reuniones entre velas, de cuentos para ir a la cama. Lo fantasmagórico, los fenómenos inexplicables cobraron una potencia inesperada y uno de los máximos referentes en explotar esa curiosidad fue el gran Charles Dickens.

En la pintura, aquellos tiempos históricos, sin embargo, toman un interés por lo sublime, que se refugia en el esplendor del pasado en vez de observar lo que sucedía hacia fuera de las ventanas. La fealdad del mundo naciente no se traduce en los lienzos, los grises del hollín y el cemento dejan espacio a obras plenas de imaginación, a explosiones de colores.

Entonces, los dos grupos más importantes -los neoclásicos com los prerrafaelistas- creyeron que en la la antigüedad grecolatina y la época medieval, respectivamente, se encontraba el resplandor estético más acorde al espíritu imperialista británico. Las vanguardias, que comenzaron a fines del siglo XIX, borraron del mapa a estos artistas de la escena por décadas y, en muchos casos, debieron esperar hasta el XX para ver su espacio en la historia del arte.

De cómo Dadd mató a su padre


"Titania durmiendo", 1841, en colección privada
Con obras como Puck o Titania durmiendo tienen buena recepción, pero su Come unto these yellow sands fue toda una sensación de la exposición anual de la Royal Academy en 1842 y comienza a hacerse de un nombre.

Ese mismo año parte junto a un amigo para ilustrar un viaje por Europa y el cercano Oriente: Grecia, Turquía, Palestina y Egipto. Todo iría bien hasta su llegada a El Cairo.

Allí, dicen algunas fuentes, un terrible golpe de calor afectó su psiquis, citan otras que en realidad estuvo fumando opio en narguile durante cinco días y noches sin parar. Su compañero de viaje comenzó a ver su errático comportamiento y lo envió de regreso.


"Come unto these yellow sands", 1942, en colección privada
Llegado a Inglaterra confiesa que el dios egipcio Osiris lo había elegido para convertirse en su instrumento. Osiris, inventor de la agricultura y la religión, murió ahogado en una conspiración que lideró su hermano, y su cuerpo, desmembrado. Recomiendan su internación psiquiátrica, pero su padre, un destacado farmacéutico viudo, se rehúsa y considera que un descanso junto a él eliminará estas ideas.

Dadd vuelve a su hogar, pero no encontrará sosiego. Tras un almuerzo, el 28 de agosto de 1843, ambos salen a dar un paseo por un pequeño bosque. Su padre nunca regresó.

Encuentran el cadáver desmembrado. Del artista no se sabe nada. A los pocos días, lo detienen en Fointainebleau, Francia, tras haber atacado a un desconocido en un vagón de tren, tratando de degollarlo. Entre sus pertenencias se halló una larga lista de personas a las que debía matar, ya que eran emisarios del mal. El primero era su padre y entre otros nombres se encontraba el del Papa de Roma.

El genio encerrado


"The Child's Problem", 1857 Richard Dadd, Galería Tate
En 1944, Dadd fue internado en el State Criminal Lunatic Asylum, dependiente del Betlhem Hospital o Bedlem, una institución recordada por su crueldad y que tuvo a lo largo de su historia tuvo como huéspedes a artistas como Louis Wain, Jonathan Martin y el dramaturgo Nathaniel Lee.

Lo que se conoce sobre su vida en el encierro sale de la pluma de los profesionales que lo atendieron. En Richard Dadd: The Artist and the Asylum, William Wood, el boticario de Bethlem, escribió que Dadd le aseguró que era realmente el hijo de Osiris y que cumplía las órdenes del dios egipcio. “El hombre afirmaba que su padre era en realidad un impostor y tenía que ser destruido”.

Dadd jamás se retractó de sus creencias durante sus 42 años de enclaustramiento y se volcó a la pintura de manera maniática. Allí creó su interesante serie de pasiones humanas (1853–57), en los que expone las principales actitudes con las que convive en Bedlem. Allí retrata a través de la teatralidad shakespereana cómo los psiquiatras de entonces utilizaban a los personajes del escritor para dilucidar los síntomas de la enfermedad mental.

Tres pasiones ilustradas:


El doctor Charles Hood, responsable de estas variaciones, comentó sobre la compañía de Dadd en aquellos días: “Puede ser un compañero muy sensato y agradable, y mostrar en una conversación, una mente una vez bien educada e informada a fondo en todos los detalles de su profesión en la que todavía brilla y se cree que se hubiese destacado por excelencia si las circunstancias no se hubieran opuesto”.

También sobresalen de su paso por Bedlam, Contradicción: Oberon y Titania, y la acuarela The child’s problem, que muestra a un niño con una perturbadora expresión, en una obra caótica plena de simbolismos. Pero sin dudas su gran obra fue El golpe maestro del leñador-duende, una pintura relativamente pequeña (54 x 39 cms.), que se encuentra en el Tate de Londres.


"Fairy Feller's Master Stroke", en la Tate
Si bien la realizó en un lienzo reducido, la cantidad y la calidad de los detalles revelan la obra de un genio. Todas las figuras están bajo un hechizo mágico, del que pueden liberarse al romper -mediante un hachazo- una nuez. En primer plano, se aprecia al leñador en plena tarea, mientras una serie de figuras observan, espían, comentan, a la espera de su turno.

La banda británica Queen le dedicó una canción al cuadro en la que busca reflejar la complejidad de la obra de manera musical. En alguna entrevista, su líder, el fallecido Freddie Mercury, aseguró que había estado obsesionado tanto por la pintura como por la vida de Dadd.

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"Fairy Feller's Master Stroke", el tema de Queen sobre la obra de Richard Dadd
En un programa de televisión, el autor mexicano Octavio Paz sostuvo que en la pieza “se ve con claridad las obsesiones de Dadd, éstas tienen dos formas. Son realistas: muchas de las caras son fisionomías de las de sus compañeros, médicos, carceleros; por otra parte, son personajes de sueño, es un cuento de hadas. Esto es muy extraño. Este cuadro está lleno de figuras pequeñas, extrañas: en cada hoja, en cada piedra hay un rostro que te espía, amenazante; y hay una serie de monstruos con los ojos que miran curiosos y crueles”.

“Y, después, tenemos la hacha del leñador queriendo partir la nuez, que posiblemente es un retrato del mismo Dadd. A mí se me ocurrió que quizá si el hacha hubiese caído, la avellana se partiría en dos; con ello la maldición, el encantamiento de Dadd hubiese desaparecido; hubiera desaparecido la locura o por lo menos hubiera recobrado la libertad; pero eso no ocurre: el hacha nunca cae”.

Dadd estuvo obsesionado con esta obra, sin dudas fue la gran pasión de toda su producción artística, ya que le tomó casi 10 años llevarla adelante y así y todo nunca la terminó. Al ser trasladado al manicomio de Broadmoor debió dejar la mayoría de sus obras y le regaló ésta a uno de sus enfermeros. Richard Dadd vivió 21 años entre cuatro paredes en su nuevo alojamiento, hasta el 8 de enero de 1886 el hacha finalmente bajó.


Por Juan Batalla para INFOBAE








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