San Francisco, Córdoba
22 abril, 2026
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Columna de Nutrición: ¿Es necesario comer seis veces al día? ¿Es un mito? ¿Qué dicen hoy los especialistas?

En una nueva columna de nutrición médica, Luisina Abrate (MP 44460/8), egresada de la UNC y formada en nutrición médica, abordó el concepto de alimentación fraccionada en seis veces durante el día, ¿es necesario?
Miércoles 22 de abril 2026 | 14:15 Hs.
Durante años, la idea de que había que comer seis veces al día se instaló como una regla casi incuestionable para quienes buscaban bajar de peso o “acelerar el metabolismo”. Sin embargo, en la actualidad, ese concepto comienza a ser revisado y puesto en duda en función de nuevas miradas sobre la alimentación y la salud.

El origen de esta recomendación se vincula principalmente con la cultura de las dietas restrictivas. En ese contexto, las cuatro comidas principales solían ser muy hipocalóricas, lo que generaba hambre constante. Para compensar esa sensación, se incorporaban colaciones entre comidas que, en teoría, ayudaban a sostener la energía y evitar atracones. Además, se sostenía la idea de que comer más seguido “activaba el metabolismo” y favorecía una mayor quema de grasa, algo que hoy no cuenta con evidencia concluyente en personas sanas.

Actualmente, muchos profesionales coinciden en que, para la población general, no es necesario comer seis veces al día. En cambio, se propone una estructura de cuatro comidas completas y equilibradas, que incluyan todos los nutrientes necesarios. En este esquema, la clave está en lograr platos que generen saciedad real, combinando proteínas, grasas saludables y fibras, lo que permite una mayor permanencia de los alimentos en el estómago y evita el hambre constante.

A diferencia de una comida completa, opciones más simples o incompletas —como unas tostadas solas— suelen no aportar suficiente saciedad, lo que favorece la aparición de antojos o “picoteos” entre horas. Este hábito, además de dificultar el cumplimiento de objetivos nutricionales, suele estar asociado al consumo de productos ultraprocesados o ricos en azúcares, con porciones poco controladas y, muchas veces, acompañados por una sensación de culpa posterior.

Otro punto clave es la dificultad que genera el picoteo constante para reconocer las señales reales del cuerpo. El hambre fisiológica se manifiesta con síntomas claros como ruidos estomacales, sensación de vacío, baja energía, irritabilidad o dificultad para concentrarse. En cambio, la saciedad aparece cuando esos síntomas desaparecen, sin llegar a una sensación de pesadez: la comida deja de ser tan atractiva y el cuerpo indica que ya es suficiente.

Escuchar estas señales resulta fundamental para construir una relación más saludable con la alimentación. En este sentido, comer de manera más espaciada y consciente puede ayudar a recuperar esa conexión.

De todos modos, Luisina, aclara que existen contextos específicos —como ciertas enfermedades o tratamientos— en los que la alimentación fraccionada sí puede ser una estrategia terapéutica adecuada. También señala que, en personas con baja sensibilidad a la insulina, comer con demasiada frecuencia podría no ser lo más conveniente.

En definitiva, lejos de las fórmulas universales, la tendencia actual apunta a personalizar la alimentación, priorizando la calidad de las comidas y la escucha del propio cuerpo por sobre la cantidad de ingestas diarias.
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