Por segunda vez en octubre, más de 158 millones de brasileños irán este domingo a las urnas.
De esos, 110 millones eligieron a los dos aspirantes que pasaron al ballotage. Pero hubo 33 millones más que se ausentaron, el 21% del padrón. Y ahora, en el segundo turno, esa polarización no deja escapatoria. No hay alternativa. Es blanco o negro.
O, mejor dicho, azul o rojo. Quienes se acerquen a votar sólo podrán elegir entre Bolsonaro o Lula si quieren que su sufragio sea tenido en cuenta. Dos posturas antagónicas. Irreconciliables. Cómo los dos “Brasiles” que se ponen en juego.
En ese panorama, las encuestas vuelven a mostrar un país dividido. Polarizado. Y, como en la primera vuelta electoral, emerge un Brasil que en el Sur y el Oeste se inclina mayoritariamente por la derecha representada por Bolsonaro y un centro y nordeste que apoya a Lula. Se suele simplificar esa ecuación diciendo que el sur rico apoya a la derecha y el norte pobre a la izquierda. Y, como toda simplificación, tiene algo de verdad y algo de exageración.
Fuente: Noticias Argentinas