Comenzar terapia puede representar un paso importante para quienes atraviesan situaciones de angustia, dificultades personales o simplemente buscan mejorar su bienestar emocional. Sin embargo, más allá de las técnicas utilizadas, existe un aspecto que puede influir significativamente en el desarrollo del tratamiento: el vínculo que se construye entre el psicólogo y la persona que consulta.
Sobre esta temática habló el psicólogo Lucas Martínez (MP 9569) durante una nueva edición de su columna en Radiocanal, donde abordó la importancia de la confianza, la empatía y la colaboración dentro del espacio terapéutico.
El profesional explicó que, desde el enfoque de la Terapia de Aceptación y Compromiso, con el que trabaja, se utiliza el término consultante en lugar de paciente para destacar el papel activo de la persona en su propio proceso de cambio. “Es la persona que va a consultar al psicólogo y que justamente tiene un rol activo, un rol dinámico en su propio proceso terapéutico”, señaló.
El psicólogo no debe tomar decisiones por el consultante
Uno de los puntos centrales que desarrolló Martínez fue la necesidad de construir una relación de colaboración, en la que el profesional acompañe a la persona sin imponerle decisiones.
Por ejemplo, frente a inquietudes relacionadas con una separación de pareja, la continuidad de una carrera universitaria o un cambio importante en la vida, el psicólogo puede ofrecer herramientas y orientación, pero no determinar qué camino debe seguir el consultante. “El psicólogo no tiene que decirle al consultante lo que tiene que hacer”, explicó.
Para ilustrarlo, recurrió a la denominada metáfora de la montaña.
En esta comparación, cada persona se encuentra escalando su propia montaña, cuya cima representa sus valores y aquello que considera importante en su vida.
El psicólogo también tiene su propia montaña, con dificultades y experiencias personales, pero cuenta con conocimientos y herramientas que le permiten observar desde otra perspectiva los obstáculos que enfrenta el consultante.
Su función consiste en ayudarlo a reconocer posibles caminos, evaluar sus decisiones y avanzar hacia sus propios objetivos, sin imponerle una dirección.
¿Puede un psicólogo hablar de su vida personal durante una sesión?
Otro de los temas abordados fue la autorrevelación, es decir, la posibilidad de que el terapeuta comparta alguna experiencia personal durante una consulta. Martínez explicó que esta práctica puede ser adecuada en determinadas circunstancias, siempre que tenga una finalidad terapéutica y contribuya al proceso de la persona.
Por ejemplo, cuando alguien atraviesa una pérdida significativa y siente que su entorno no comprende su sufrimiento, el profesional podría compartir brevemente que también ha vivido experiencias de pérdida, con el objetivo de transmitir comprensión y empatía.
Sin embargo, advirtió que no se trata de utilizar la sesión para hablar de la propia vida del terapeuta ni de influir sobre las decisiones del consultante. El criterio fundamental, sostuvo, es preguntarse qué función cumple esa información y si realmente beneficia el trabajo que se está realizando.
En este sentido, también remarcó la importancia de que los profesionales revisen sus propias intervenciones, mantengan espacios de supervisión y continúen formándose.
Vínculo terapéutico y alianza terapéutica: ¿cuál es la diferencia?
Durante la entrevista, Martínez distinguió dos conceptos que suelen confundirse, aunque están estrechamente relacionados.
Por un lado, el vínculo terapéutico comprende la dimensión humana y emocional de la relación: la confianza, la empatía, el respeto y la posibilidad de sentirse comprendido.
Por otro, la alianza terapéutica se relaciona con los objetivos que el profesional y el consultante acuerdan trabajar, las tareas que realizarán y la metodología utilizada durante el tratamiento.
Según explicó, ambos aspectos se complementan y resultan importantes para avanzar en el proceso.
El psicólogo también destacó que el consultorio puede convertirse en uno de los primeros espacios donde las personas comienzan a desarrollar cambios en sus pensamientos, emociones y conductas, para luego trasladarlos a otras situaciones de su vida cotidiana.
¿Qué pasa si no me siento cómodo con mi psicólogo?
Una de las reflexiones centrales de la columna estuvo vinculada con las personas que comienzan terapia, tienen una experiencia que no les resulta satisfactoria y deciden no volver a consultar.
Durante la conversación se planteó que no sentirse cómodo con un profesional no significa que todas las terapias sean iguales ni que la atención psicológica no pueda resultar beneficiosa. Martínez recordó que existen distintos enfoques psicoterapéuticos y que, incluso dentro de una misma corriente, cada profesional tiene su propio estilo de comunicación y forma de trabajar.
Por eso, consideró importante no descartar la posibilidad de continuar un tratamiento por una primera experiencia negativa. “Por ahí digo dar una segunda o una tercera oportunidad, quizás es hasta encontrar la persona”, expresó.
El especialista señaló que encontrar un profesional con quien sea posible construir confianza puede favorecer el desarrollo del proceso terapéutico.
La confianza y el secreto profesional, pilares de la relación
Finalmente, Martínez hizo hincapié en la importancia de la ética y la confidencialidad dentro del consultorio. Explicó que muchas personas comparten durante las sesiones experiencias, pensamientos o sentimientos que nunca habían expresado ante familiares, amigos o parejas.
Por esa razón, el profesional debe ofrecer un espacio de escucha, respeto y comprensión, resguardando la información compartida conforme a sus obligaciones éticas y profesionales.
Para Martínez, la relación terapéutica debe ser humana y colaborativa, con un psicólogo que acompañe sin imponer sus propias creencias o decisiones.